Quito, 04 de Septiembre de 2010   Inicio
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 En una conferencia en Inglaterra, el Señor Presidente de la República  ha juzgado negativamente la gestión de los Obispos de América Latina y, consiguientemente, de los Obispos del Ecuador. Ha solicitado al Santo Padre una encíclica sobre varios temas y ha declarado su proyecto político como un fruto de la doctrina social de la Iglesia.

 Es verdad que los obispos del Ecuador nos esforzamos en cuidar la Sagrada Liturgia, los ritos, porque es la fuente de toda vida cristiana y soporte de nuestra misión en el mundo. También atendemos a las culpas y problemas individuales, porque tratamos de servir a nuestros fieles en forma personalizada, sin desplazarlos al anonimato de los números. Además, los pecados sociales no brotan del suelo, sino de la acumulación de las deficiencias morales  de los individuos.

Pero también es cierto que la vocación de servicio social del episcopado ecuatoriano se manifiesta en su continua enseñanza y en más de tres mil obras a favor de  los más necesitados, desde hace muchos años y distribuidas en todas las provincias del país. 

El Santo Padre, Benedicto XVI, en la reciente Encíclica Caritas in Veritate atendió  a los problemas  actuales, desde la globalización y la emigración, hasta el cambio climático y la biogenética. Hace más de cuarenta años, el Papa Paulo VI se extendió en su enseñanza a estos y otros aspectos.

Queremos proclamar que la fe es única y la Iglesia es la casa de todos, especialmente de los más pobres. Dentro de la Iglesia, cada creyente tiene el derecho  de pronunciarse por la opción política que más le convenza, siempre que no sea discrepante con los principios de la fe.  Es propio también de una sensibilidad católica  tratar al Santo Padre con amor y respeto.

A la luz de esa fe, hemos de decir ahora que nos causa grave preocupación el crecimiento del desempleo, el incremento de la inseguridad,  la presión sobre  las libertades civiles y las crecientes denuncias de corrupción.
 
Finalmente, las autoridades de un Estado laico, respetuoso de la inmunidad de la vida religiosa, deberían renunciar a la vieja tentación técnicamente llamada ‘cesaropapismo’. Por lo demás, nadie debe  arrastrar la religión hacia la cobertura de un programa político, para tratar de  llevarla a la derecha o a la izquierda de la arena política e ideológica.
 
Quito, 4 noviembre 2009
Secretaría de la Conferencia Episcopal
 
 
 

 

 

 


Fecha Publicación:
2009-11-05

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