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Pasos para la Lectio Divina
1. ¿Qué dice la Palabra?
Celebrar la eucaristía es hacer memoria de la práctica liberadora de Jesús. Lo que Él anunció en la sinagoga de Nazaret se realiza hoy en nuestra vida. En la asamblea eucarística se realiza de Jesús; en ella las comunidades cristianas encuentran su camino a la perfección.
La respuesta de Nehemías es sólo una: Vayan y coman buenos platos, beban buenos vinos e inviten a los que no tienen nada preparado, pues este día está consagrado al Señor. La participación de los bienes, sugerida por la interpretación de la Palabra de Dios, lleva a la comunidad a la creación de la nueva sociedad. En el día consagrado al Señor, el que no tenía nada no pasó necesidad; el que tenía en abundancia no acumuló para sí, sino que compartió, estos son los frutos que debe dar la comunidad y son causa la alegría del Señor, que es la seguridad para su pueblo.
Esta definido, pues, quién es importante en la comunidad: todos son igualmente importantes, cada cual con su don. Los dones no confieren privilegios a las personas, ni las colocan por encima de las demás. Cada uno de nosotros somos el gran don de pobre, el marginado es el que debe ocupar el primer lugar. Esto porque la comunidad forma un todo entre sus miembros y con Cristo.
El programa de Jesús beneficia directamente a los pobres. ¿Quienes son ellos? Son los anawin, esto es, los que viven marginados de la sociedad y a merced de los poderosos, sin fuerzas o condiciones para resistirles, sin protector o padrinos y presa fácil de las mentiras y violencia de los grandes. Jesús es aliado de los pobres, es su libertador. En esto consiste la buena noticia por Él anunciada.
Tomado del pan de la Palabra de Enero 2010- autor P. Nestor Carvajal
2. ¿Qué me dice la Palabra?
La Palabra de Dios tiene para cada persona el mismo mensaje, sin embargo a cada uno le dice algo único e irrepetible pues el Señor nos conoce íntimamente. Debemos entonces meditar en esta Palabra para descubrir cuál es el mensaje que a mí personalmente me está dirigiendo, para compartirlo con la comunidad, y sobre todo, para ponerlo en práctica.
3. ¿Qué propósitos me motiva a formular?
La Palabra es como el agua de lluvia que desciende de lo alto y empapa la tierra para que ésta sea fecunda. Así, al leerla y meditarla, no me puedo quedar indiferente o simplemente estudiarla académicamente. Hay que preguntarse qué me está pidiendo, que me compromete a cambiar en mi vida, qué debo rectificar, qué aspecto debo potenciar aún más. Por eso la llamamos Palabra Viva de Dios, de otro modo, sería como un libro de historia o de fábulas bonitas.
4. ¿Qué oración me inspira esta Palabra?
Este último paso se refiere a la oración que como alabanza, contemplación, agradecimiento o petición la Palabra me inspira a hacer como guía que motiva, ilumina e inspira la Palabra que ha sido objeto de la meditación en la Lectio Divina.
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