Quito, 30 de Julio de 2010   Inicio
Textos Diarios
Reflexión al Evangelio
2010-04-18
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Pasos para la Lectio Divina

1. ¿Qué dice la Palabra? 

Nos encontramos con las reacciones que la comunidad cristiana suscita ante la institución política-religiosa que mató a Jesús. El mensaje de Lucas el objetivo es muy claro: los cristianos coherentes con el proyecto de Dios pasarán inevitablemente por las mismas pruebas que enfrentó Jesús: prisión, tortura y muerte ; todo esto sucede en vista del testimonio que la comunidad debe dar. La conciencia que los discípulos tienen de su misión en medio de los sufrimientos los lleva a la bienaventuranza proclamada por Jesús: felices ustedes si los hombres los odian, si los expulsan, los insultan y maldicen su nombre, por causa del Hijo del hombre. Alégrense en ese día, salten de alegría, pues será grande su recompensa en el cielo.

El autor del Apocalipsis muestra a las comunidades que Jesús, por su muerte y resurección, es quien da sentido a la historia, simbolizada por el libro cerrado con siete sellos. La victoria de Jesús es celebrada en una solemne liturgia universal, que comienza en el cielo y resuena por todo el mundo, teneniendo como lugar de conclusión nuevamente el cielo. Estas doxologías, cantadas en el cielo y en la tierra, tienen como fin suscitar esperanza en la comunidad reunida para la celebración y lectura de texto, llevándola a tomar conciencia de la acción de Cristo a favor de los cristianos.

El evangelio ofrece pistas para iluminar las crisis o fugas de la comunidad que, a pesar de celebrar continuamente la eucarístia, no discierne su papel transformador en la sociedad, y presenta también cuestionamientos sobre el ser del cristiano, en comunión con Cristo y solidario con las personas. Las comunidades cristianas, cuando no asumen el proyecto de Jesús, entran en crisis interna y externamente: no logran sentir la fuerza del Espíritu de Jesús que las anima, y se esfuerzan inútilmente en la misión que tratan de desarrollar.

Tomado del pan de la Palabra de Marzo 2010- autor P. Nestor Carvajal

2. ¿Qué me dice la Palabra?

La Palabra de Dios tiene para cada persona el mismo mensaje, sin embargo a cada uno le dice algo único e irrepetible pues el Señor nos conoce íntimamente. Debemos entonces meditar en esta Palabra para descubrir cuál es el mensaje que a mí personalmente me está dirigiendo, para compartirlo con la comunidad, y sobre todo, para ponerlo en práctica.

3. ¿Qué propósitos me motiva a formular?

La Palabra es como el agua de lluvia que desciende de lo alto y empapa la tierra para que ésta sea fecunda. Así, al leerla y meditarla, no me puedo quedar indiferente o simplemente estudiarla académicamente. Hay que preguntarse qué me está pidiendo, que me compromete a cambiar en mi vida, qué debo rectificar, qué aspecto debo potenciar aún más. Por eso la llamamos Palabra Viva de Dios, de otro modo, sería como un libro de historia o de fábulas bonitas.

4. ¿Qué oración me inspira esta Palabra?

Este último paso se refiere a la oración que como alabanza, contemplación, agradecimiento o petición la Palabra me inspira a hacer como guía que motiva, ilumina e inspira la Palabra que ha sido objeto de la meditación en la Lectio Divina.

 

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Jn (21,1-19)

Oración
2010-04-18
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ORACIÓN
 
Señor, que tu pueblo se regocije siempre al verse renovado y rejuvenecido por la resurrección de Jesucristo, y que la alegría de haber recobrado la dignidad de la adopción filial le dé la firme esperanza de resucitar gloriosamente como Jesucristo. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

 Amén.
 

 

 

 

 

 

 

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DOMINGO III DE PASCUA

ANUNCIAR LA BUENA NUEVA SIENDO SOLIDARIO
2010-04-18
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Lectura del santo evangelio según san Juan (21,1-14):

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberiades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar.» Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo.» Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?» Ellos contestaron: «No.» Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor.» Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger.» Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Vamos, almorzad,» Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor
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Hech 5,27-32.40-41/Sal 29/Ap 5,11-14/Jn 21,1-19

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